Trilogías (atípicas) para una cuarentena

La cara de muchos y muchas durante algún momento de la cuarentena (Movie Fanatic, 2014)

Vivimos tiempos oscuros. El confinamiento en el hogar puede ser difícil y muy poco llevadero. Y a la siniestra ecuación de virus y cuarentenas poco le ayudan el aburrimiento, la procrastinación o el teletrabajo en pijama. Así que, para ayudar a que pase más rápido el tiempo, hemos decidido recomendar una serie de películas un tanto especiales. Trilogías, por llamarlas de algún modo, de obras que poco tienen que ver entre sí, más allá del argumento. O de que resulta curioso ver juntas en un mismo grupo, por diversas razones. Que explicaremos, claro.

Muchas de ellas están en Netflix, Movistar u otras plataformas, y muchas otras son bastante recientes. Por lo tanto, si queréis haceros una buena maratón o poneros al día con películas conocidas de esta última década, ésta es vuestra gran oportunidad. Y no, aquí no habrá películas sobre virus, zombies o demás temas trillados estos días. Nuestro objetivo es ser, dentro de lo posible, originales.

Vivimos en una sociedad (Taxi Driver, El Rey de la Comedia y Joker)

La primera de las trilogías que venimos a ofrecer narra las peripecias de tres hombres inestables y heridos. Personajes que, en su afán por socializar y encajar en el mundo, terminan destruyendo sus propias vidas. Y las de más gente, de paso. Porque se han hartado de vivir en sociedad y comuna con los demás, y están deseosos de demostrarlo.

Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976) nos cuenta la historia de un ex-soldado de Vietnam que, como si viviera también una pandemia en su cabeza, empieza a notar suciedad en las calles y en los demás, sumergiéndose en su propia demencia fascista-anarcoide. Film influyente y oscuro, vital para fundar el género de los hombres heterosexuales locos y cabreados.

El Rey de la Comedia (Martin Scorsese, 1983), en cambio, narra los delirios de grandeza de otro extraño hombre, interpretado magistralmente también por Robert De Niro. Su sueño, triunfar como cómico en televisión. Sus métodos para conseguirlo, cuanto menos, cuestionables.

Joker (Todd Philips, 2019) recoge el testigo de las anteriores y trae de nuevo al siglo XXI esa violencia anarquista y amoral tan propia del género. Cualquiera se puede convertir en objeto de la ira injustificada de estos protagonistas. Y qué decir a estas alturas de la interpretación de Joaquin Phoenix…

El (no) amor indie (Her, Lost in Translation y Eternal Sunshine of the Spotless Mind)

En tiempos de cuarentena, es importante acordarse del amor. O, por el contrario, olvidarlo por completo. Los personajes de las siguientes películas también se ven marcados por esta disyuntiva. Y tratarán de sobrevivir a ella como puedan.

La fantástica Her (Spike Jonze, 2013) nos enseña el lado más dulce y tierno de Joaquin Phoenix, cuando se enamora de una realidad virtual (con voz de Scarlett Johansson). Este nuevo amor le ayudará a encontrarse a sí mismo y a superar una traumática relación pasada. Si no emociona por su guion, sí por la increíble banda sonora de Arcade Fire.

El mismo espíritu de superación del dolor sobrevuela por Lost in Translation (Sofia Coppola, 2003), y la misma actriz la personifica, en una obra sobre la soledad y la vida en pareja. No es coincidencia, y menos teniendo en cuenta que ambas obras, al fin y al cabo, hablan de la misma relación: la que mantuvieron Spike Jonze y Sofia Coppola entre 1999 y 2003. Año, claro, de su divorcio, y de gestación y publicación de la película.

Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Michel Gondry, 2004), catastróficamente traducida al español como Olvídate de mí, plantea qué pasaría si existiera un aparato capaz de borrar nuestros recuerdos sobre una determinada persona o relación. Los protagonistas, Joel y Clementine (enormes Jim Carrey y Kate Winslet), dan uso a la máquina después de una gran discusión, con las dramáticas (y a veces hilarantes) consecuencias que eso implica.

Ciencia… ¿ficción? (La Llegada, Ex Machina y Gattaca)

Seamos sinceros: ¿cuántos de nosotros pensábamos vivir algo parecido a una pandemia mundial en nuestras vidas? Con todo, aquí estamos. Las películas de esta trilogía plantean situaciones imposibles: visitas de alienígenas, inteligencia artificial hiperdesarrollada… Sin embargo, su planteamiento es muy serio y realista: ciencia ficción como pretexto y no como meta. 

Obra maestra absoluta del género (y del no género también), La Llegada (Denis Villeneuve, 2016) narra la aparición de visitantes extraterrestres en la Tierra. Lo más interesante es cómo se aborda el asunto, y es que… Si llegan de verdad los aliens, ¿cómo nos comunicaremos con ellos? La encargada de responder a tal pregunta es la filóloga interpretada por Amy Adams, protagonista de un film fantástico en todos los sentidos.

Ex Machina (Alex Garland, 2015) nos ofrece otra brillante historia de ciencia ficción, en la que un científico interpretado por Oscar Isaac crea una inteligencia artificial superior tanto en software como en hardware (genial interpretación de Alicia Vikander). Para determinar la grandeza de su obra, la pone a prueba con diferentes exámenes y tests, en una aplicación palmaria de la metodología científica.

Gattaca (Andrew Niccol, 1997) relata con brillantez la vida de uno de los últimos seres humanos nacidos por el método tradicional. En su mundo (nuestro futuro, quizá), las personas son alteradas genéticamente antes de su nacimiento para paliar todas las deficiencias mentales o físicas que puedan tener. Este hombre, al que da vida Ethan Hawke, lucha por conseguir sus sueños mientras esquiva todas las trampas que crea un sistema tan clasista y distópico. La película nos regala así un alegato anti determinista precioso y embaucador.  

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