The Leftovers: ¿La mejor serie dramática del siglo?

The Leftovers. (HBO, 2015)

A veces, muy pocas en la vida, uno se encuentra por casualidad con auténticas joyas. Tan relucientes que le hacen plantearse cómo es que podía existir algo así y cómo jamás había oído hablar de ello antes. O si lo hizo, cómo pudo pasar tan desapercibido bajo su radar. The Leftovers fue una de estas joyas, encontrada sin siquiera buscarla y brillando más que muchísimas otras, aunque estuviese oculta bajo el enorme panorama mediático que es el mundo de la televisión. Por eso y por su peculiar sinopsis, es más oportuno que nunca hablar de ella, en medio de este clima apocalíptico, coronavírico y caótico. Si estáis buscando algo que ver en estos días, no se me ocurre nada mejor.

¿Lost otra vez?

La serie estadounidense de HBO fue creada por Tom Perrotta en base a su novela homónima y por el guionista Damon Lindelof. Sí, por el famoso (¿o quizás sea más apropiado decir infame?) guionista de Lost. Y puede que con solo mencionarlo asuste a más de uno que aún siga molesto con ese final. Porque cuando ves que incluso los más haters de Lindelof consideran The Leftovers su carta de disculpa a todos aquellos que decepcionó, sabes que estás ante algo especial. “Lost, pero hecha bien” es uno de los sobrenombres que esta serie recibe y no es en vano.

Una sociedad traumatizada

Estrenada el 29 de junio de 2014 en Estados Unidos, su premisa probablemente sea una de las más fascinantes de todo el panorama televisivo: en un día como cualquier otro, el 14 de octubre de 2011, el 2% de la población mundial se desvaneció sin dejar ningún rastro. Y ya está. Sin ningún motivo aparente, sin ninguna explicación científica o religiosa que pudiese justificarlo. Ese día 140 millones de personas aleatorias alrededor del mundo fueron las víctimas de este evento conocido como la «Ascensión». Bueno, no. Porque las verdaderas víctimas fueron los que se quedaron. Los restos de una sociedad traumatizada de por vida. The Leftovers.

Puede que a estas alturas, teniendo tan presente la figura de Thanos y su eliminación del 50% de los seres vivos, el 2% nos parezca mucho menos dramático. Sin embargo, es un número lo suficientemente grande para que casi todo el mundo perdiese a un ser querido ese día -o varios-. Además, con Thanos por lo menos había una causa explícita. La situación aquí no podría ser más distinta: el peso dramático de la serie radica precisamente en la falta de esta causa.

La primera intro de la serie representa el día de la Ascensión como una obra de arte religiosa. (HBO, 2014)

¿Qué haría el mundo si de repente todos fuésemos conscientes de que en cualquier momento podemos desaparecer sin previo aviso; sin saber ni siquiera el porqué? ¿De qué manera superas el duelo por una persona a la que ni siquiera sabes qué le pasó? ¿Cómo puedes soportar el sentimiento de culpa por haberte quedado? ¿Cómo puedes vivir cuando ya nada tiene sentido?

La fe para tapar heridas

The Leftovers trata sobre la búsqueda de estas respuestas. En vez de ahondar en lo que causó la desaparición, se centra en sus consecuencias. En el fondo, la Ascensión es solo una excusa para retratar un mundo enfermo, para explorar el dolor que este evento causó en la gente que se quedó y cómo se reaccionó ante él. Para explorar la psicología de los personajes, que deben lidiar con los resultados de semejante tragedia. Porque por supuesto que no todos lo afrontaron de la misma manera. Sectas, gurús, sacerdotes, santos, científicos… todos tienen una opinión al respecto y querrán defenderla a toda costa.

Los Remanentes Culpables constituyen la secta más icónica de la serie. (HBO, 2014)

Siendo la Ascensión un detonante con un nombre tan bíblico, no es de extrañar que uno de los temas más predominantes sea la religión. Si tuviese que describir la serie en una frase, sería “la fe como mecanismo para lidiar con la pérdida”. Muchos personajes se aferran a sus creencias, esperando encontrar en un gran plan divino las respuestas tan ansiadas. Y la verdad es que a lo largo de los capítulos se nos presentan multitud de situaciones que podríamos considerar como objetivamente sobrenaturales.

Teniendo en cuenta el catalizador que inicia todo, ¿por qué no íbamos a creerlas? El problema es cuando te das cuenta de que toda la serie puede verse desde dos perspectivas, la espiritual y la racional. Hay motivos de sobra para elegir cualquiera de ellas. Existen personajes en los dos bandos y argumentos convincentes para creer a ambos. Los milagros pueden ser obra de Dios o resultado de paranoia colectiva. Puedes ver a los muertos o puedes ser un enfermo mental. Y es que aquí es dónde encontramos el punto más fuerte de The Leftovers, lo que la hace una obra maestra. Porque en el primer momento en el que nos empecemos a creer o cuestionar lo que vemos, ya no habrá escapatoria. La serie nos habrá hecho participar en su juego. Y habrá que hacerlo hasta el final.

En una ciudad de Texas no desapareció nadie el 14 de octubre. ¿Milagro o casualidad? (HBO, 2015)

Entrando en el mundo tras la Ascensión

La primera temporada, aquella que adapta la novela de Perrotta, nos sitúa tres años después de la Ascensión en la ciudad ficticia de Mapleton (Nueva York). Allí somos testigos de la vida de la disfuncional familia del jefe de policía Kevin Garbley (Justin Theroux). Una figura desesperada que debe cuidar de Jill (Margaret Qualley), su problemática hija adolescente, mientras lidia con un extraño vecino que lo insta a matar perros salvajes de noche. Laurie (Amy Brenneman), su mujer, se ha unido a una enigmática secta conocida como Los Remanentes Culpables y compuesta por fumadores nihilistas vestidos de blanco que no hablan jamás.

Por si fuese poco, Tommy (Chris Zylka) su hijo mayor anda siendo el guardaespaldas de un gurú que dice curar el dolor de la gente con sus abrazos. A la mezcla añadimos a Matt (Christopher Eccleston) , un cura con el que Dios no parece cansarse de jugar y a Nora (Carrie Coon), una mujer que perdió a toda su familia el día de la Ascensión, por improbable que pudiese ser.


La primera temporada nos muestra cómo Kevin lucha por tomar las riendas de su vida. (HBO, 2014)

Sí, habéis leído bien. Y voy a ser sincero con vosotros. El primer contacto con The Leftovers es bastante complicado. Aún con una primera escena soberbia, cuesta introducirse en un mundo tan extraño, con tantos enigmas y personajes en principio, inexplicables. Y especialmente la primera temporada está bañada de una atmósfera sumamente depresiva y cínica, dura de digerir para el espectador medio. Pero que vale la pena. Cada episodio es una pieza de un enorme y complejo puzzle, pero uno que se completará al fin y al cabo. Si sois pacientes y os dejáis llevar por la triste locura, descubriendo poco a poco qué es lo que significa cada cosa. Os llevaréis una experiencia tan satisfactoria como pocas series han sabido dar.

No voy a hablar de las siguientes temporadas, estrenadas el 4 de octubre de 2015 y el 16 de abril de 2017. Os merecéis descubrir por vosotros mismos la forma en la que la trama sigue más allá del libro, como se reinventa una y otra vez. Como es capaz de haceros plantearos si os habéis equivocado al seleccionar el episodio de turno. Como cada elemento mostrado en pantalla, cada animal, cada diálogo… simboliza algo. Como The Leftovers es un poema, cada temporada una estrofa y cada episodio un verso.

Algo tan simple como una revista de National Geographic puede significar mucho más de lo que parece. (HBO, 2014)

Las actuaciones

Dedico este párrafo a las magníficas actuaciones que podemos encontrar aquí. A las miradas de Justin Theroux, que dan vida a un hombre destrozado, superado una y otra vez por las circunstancias; pero que al mismo tiempo pueden mostrar una alegría e ilusión desbordante en los pequeños retazos de felicidad que le da la vida. Al dolor que refleja Amy Brenneman, intentando no derrumbarse pese a saber que sería mucho más sencillo rendirse de una vez por todas. A las emociones de Christopher Eccleston, capaz de hacernos empatizar como nunca con un cura demasiado bondadoso para su propio bien. Y a la mejor de todas, a Carrie Coon, cuya actuación es sencillamente una de las más potentes que he tenido el honor de presenciar.

Carrie Coon borda su interpretación como Nora Durst. (HBO, 2014)

Me dejo a unos cuantos por el camino, entre ellos a Liv Tyler, que está en su salsa en un papel atípico en ella. Y a otros tantos que aparecen en sucesivas temporadas y que harán que cada segundo de serie sea un auténtico espectáculo. Pero si los actores llevan sobre sus hombros la mitad de la serie, de la otra mitad se encarga sin ninguna duda la banda sonora. No solo por los hermosísimos temas compuestos por el legendario Max Ritcher, sino también por el resto de canciones escogidas. Escalofríos cada vez que suena Where is my mind de los Pixies y Nabucco- Coro de los esclavos de Verdi. Y ya que estoy tirando flores, no olvidemos la fotografía, a la altura del potente guion que debe ilustrar.


La fotografía y la banda sonora dotan a cada episodio de gran sensibilidad. (HBO, 2015)

El mejor episodio

Tampoco puedo acabar esta reseña sin mencionar a International Assasin, el que para muchos es el mejor episodio de toda la serie. El capítulo octavo de la segunda temporada constituye una hora perfecta de televisión, siendo con toda seguridad uno de los escenarios oníricos  más brillantes y originales que se han creado, comenzando con un extraño cartel y terminando con un final devastador. Y no se quedan muy atrás de este los tres episodios centrados en el cura Matt, a uno por temporada, cada cual genial a su manera.

“Primero conoce quién eres y luego adórnate en consecuencia”. Con ese cartel comenzaba International Assassin. (HBO, 2015)

Consideraciones sobre el final

Igual que fui sincero al hablaros de cual era la sensación general ante el principio de la serie, quiero serlo también ahora en el final. Muchísima gente piensa que The Book of Nora , es uno de los mejores desenlaces que ha tenido jamás una serie . De hecho, la razón por la que conocí The Leftovers en primer lugar fue a raíz del final de Juego de Tronos, cuando vi a decenas de twitteros reivindicando la serie como ejemplo de una conclusión satisfactoria y memorable. No os voy a destripar si tenían razón o no. Solo diré que aquí es donde, como audiencia, nos veremos obligados a elegir definitivamente nuestra perspectiva de toda la serie. Donde realizaremos, o no, el último salto de fe.

Una vez expuesto todo esto, espero por lo menos haberos creado algo de curiosidad ante esta peculiar obra. Si os animáis a verla, de vosotros dependerá decidir si esta es la mejor serie dramática del siglo XXI. Yo no estoy seguro de ello, por una sola razón:

Porque esta es, por encima de todo, una historia de amor.

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