Veinte años del Plan Bolonia: la dotta, la rossa, la grossa

Una estudiante realiza un trabajo. (Foto: Adriana Braojos, 2019).

Si caminamos por las calles de la antigua ciudad italiana de Bolonia, sus casas rojas nos embriagarán y sus monumentos nos sorprenderán. Con razón los italianos tienen la costumbre de describir a este peculiar lugar como la dotta, la rossa y la grossa, en español: la educada, la roja y la gorda. Estas cualidades se deben a que la Universidad de Bolonia, creada en 1088 se considera la más antigua del mundo occidental, enmarcada entre sus edificios mayoritariamente de color rojo y con una gastronomía de renombre.

Hace veinte años fue en esta misma ciudad donde se firmó el Plan Bolonia, constituido por apenas dos páginas y que sería el inicio de una nueva era universitaria. Esta época se caracterizó por las fuertes críticas a un sistema que se planteó como una nueva forma de alianza entre los países comunitarios. De esta forma, algunas de las nuevas ventajas de este nuevo método fueron el Erasmus: un movimiento de intercambio de alumnos entre las universidades del viejo continente.

Su implantación fue gracias al Espacio Europeo de Educación Superior, que unificó los planes de estudio de todas las carreras para que fueran posibles las semejanzas entre las asignaturas. Se crearon los créditos, una nueva forma de medir el esfuerzo del alumnado. Este nuevo sistema también se utilizó para calcular el valor económico de las matrículas. En el curso 2019-2020 la Universidad de Sevilla estipuló el precio de cada crédito en aproximadamente trece euros. Con lo cual, por ejemplo, una asignatura de seis créditos cuesta setenta y ocho euros. Alrededor de setecientos euros un curso entero.

El encarecimiento de las matrículas es una de las principales quejas de los movimientos estudiantiles, ya que cada vez cuesta más costearse unos estudios superiores. Los jóvenes pertenecientes a familias con bajos ingresos, en muchas ocasiones no pueden acceder a estas titulaciones. Otros, intentan compaginarlo con el trabajo para poder costear los altos precios, Óliver Fernández Bruno es un ejemplo. Durante los años que estudió el grado de Filosofía trabajó durante todos los cursos y en la actualidad trabaja ocasionalmente mientras cursa Periodismo. “La carga lectiva que recibes para hacer en casa no permite normalmente que se pueda compaginar trabajo y estudio. Hay que tener en cuenta que prebolonia la asistencia a clase no era obligatoria y la carga de trabajo en casa no era tan grande”, argumenta el estudiante.

Un alumno realiza una queja estudiantil. (Adriana Braojos, 2019)

Los trabajos fuera del aula que el alumnado recibe tras la implantación del Plan Bolonia es mucho mayor que en épocas anteriores, el profesor de la Universidad de León, Enrique Javier Díez Gutiérrez Doctor en Ciencias de la Educación y licenciado en Filosofía expone que el profesorado observa al “alumnado habitando los espacios universitarios como si estuvieran en un ‘destajo’, cada vez más estresados y competitivos”. Y no solo ha llegado a afectar al ámbito laboral también ha tenido consecuencias psicológicas. El estrés y la ansiedad son enfermedades cada vez más comunes entre los jóvenes. Un estudio de CinfaSalud “Percepción y hábitos de la población española en torno al estrés” de 2017 indica que los estudiantes son los más afectados, al sufrir esta dolencia durante un tiempo más continuo. Las razones que detallan son algunas como la entrega de trabajos, exámenes y los conflictos con los compañeros.

Un estudiante de la Universidad de La Laguna que prefiere no revelar su nombre por miedo a represalias académicas argumenta que en su segundo año su salud mental llegó a deteriorarse debido al volumen de trabajos, exámenes y prácticas que tenía que realizar. “Teníamos que ir a clase, hacer los trabajos y además estudiar porque en la época de exámenes aún seguíamos teniendo tareas. Me llegaron a dar hasta ataques de ansiedad”, afirma. Además, aclara que con estrés se pierde la motivación para estudiar e ir a clase, con lo que se aprende menos.

«Somos estudiantes no clientes»


No solo cambiaron las reglas que se plasmaron en el papel sino también la concepción de la universidad como centro de enseñanza. La noción de una universidad creada para pensar se desdibuja completamente del pensamiento de Díez Gutiérrez que defiende que “se ha transformado en una caja de ingresos. La universalidad propia del conocimiento universitario ha sucumbido al modelo pragmático e instrumental del saber al servicio de la economía”. La educación se ha dirigido a las necesidades de las empresas y no a las necesidades de la sociedad, este estilo de pensamiento viene asociada al vínculo cada vez más fuerte de las universidades con el sector financiero.

“Somos estudiantes no clientes” se puede leer en la fachada de una de las facultades de la Universidad de La Laguna. En la actualidad se compite con las universidades privadas buscando aparecer en los rankings para atraer inversiones y se promueve que los profesores “patenten sus descubrimientos para que se invierta empresarialmente en ellos, devaluando la docencia”, informa Díez Gutiérrez.

Jesús Javier Mera se benefició del proyecto Erasmus y realizó sus prácticas de empresa en Holanda, “todo lo que tenga que ver con una experiencia laboral cumple con el objetivo con el que se hizo el Plan Bolonia, si estudias solo teoría te puede servir, como dice la palabra, a nivel teórico. Cuando te afrontas al problema, es cuando realmente aprendes”. A este estudiante de Ingeniería el Plan Bolonia le ha abierto más caminos debido a que las empresas holandesas cuentan con grandes avances tecnológicos.

Antonio López Hidalgo, profesor de la Universidad de Sevilla en el grado de Periodismo hace una comparativa entre la universidad prebolonia y la actual y no contempla las diferencias entre una y otra porque considera que no se realizó una implantación real del Plan. Uno de los propósitos era eliminar la masificación de las aulas pero con la llegada de la crisis se vio frustrado este objetivo tras la multitud de recortes que vivió la enseñanza.

La crisis fue un factor clave en la implantación del Plan Bolonia, ya que a pesar de que se creara en 1999 su implantación real en España fue durante el 2010. Más tarde vendrían los polémicos recortes de Wert que dejaron a la educación desamparada y lastimaron su autonomía. Además de la subida de tasas universitarias, que en algunas comunidades llegó casi al 70%, y la reforma del sistema de becas endureciendo los requisitos y rebajando las cuantías.

Ante estos actos la comunidad estudiantil respondió con huelgas y decenas de manifestaciones. La sala de delegación de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla está decorada con multitud de carteles, entre ellos, en uno se puede leer: “RIP la universidad pública”, dibujado en una lápida que recuerda aquellas manifestaciones que inundaban los titulares de los medios.

Carteles utilizados durante las manifestaciones estudiantiles. (Adriana Braojos 2019)

Las paredes parecen no olvidar aquella época pero en la actualidad la situación es bien diferente, la lucha está enterrada. El Plan Bolonia se ha tomado como la normalidad y la rutina y pese a las críticas por sus defectos, las ventajas que ha ofrecido han sido utilizadas en gran medida por la comunidad universitaria. Para la mayoría de nuevos alumnos les queda muy perdido en la memoria el recuerdo de las manifestaciones contra la implantación del Plan Bolonia y las leyes de Wert. Y aunque en ocasiones se realizan manifestaciones estudiantiles no tienen la gran repercusión de años anteriores. “He sido testigo de una universidad en decadencia”, toma como conclusión Óliver Fernández Bruno que debido a un cambio de carrera lleva cursando estudios universitarios seis años.

¿Los universitarios salen más formados tras el Plan Bolonia? “En algunos aspectos, cómo no. Ahora hay muchos más avances científicos y conocimientos que hace unos años. Pero la formación se orienta a lo laboral”, comenta el profesor Díez Gutiérrez, que contempla que la educación no debería limitarse al plano laboral sino a formar a personas independientes. Por otro lado, el profesor López Hidalgo tampoco considera que los egresados estén más formados tras el Plan Bolonia, ya que se incurre en los mismos problemas que cuando él estudiaba y por lo tanto hasta que no se cree una educación libre de la masificación no se conseguirán resultados reales.

Unos estudios superiores ya no garantizan un buen puesto de trabajo (o encontrar uno directamente). En 2018, el 27,7% de los titulados que finalizaron sus estudios en 2014 no tenían empleo. La formación universitaria ya no es la fuente de seguridad que era, en la actualidad los jóvenes tienen que cursar varios estudios y realizar multitud de proyectos para engrosar un currículum cada vez más exigente.

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Co directora de Revista Spotlum.

2 comentarios en “Veinte años del Plan Bolonia: la dotta, la rossa, la grossa”

  1. Considero muy interesante el artículo, tanto por la historia de los inicios del Plan Bolonia , como por las comparativas del plan actual y el anterior , aunque no he estudiado en el Plsn Bolonia , creo que el poder homogenizar las carreras universitarias en toda la Union Europea es un aspecto positivo que ha introducido este plan en la enseñanza universitaria.

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