La deconstrucción del amor en Marriage Story

Historia de un Matrimonio abandona el corsé narrativo del género amoroso para ofrecernos un relato basado en el inminente después de la ruptura. (Netflix, 2019)

Dentro del ingente pozo de conocimiento global en el que nadamos, todavía quedan unas cuantas gotas de tópicos clásicos latinos. Y es que aquellas gentes lejanas de la República romana, también del Imperio, de la retórica y de la palabra, hablaron del amor como una guerra, del amante como un soldado. Una batalla sin cuartel que requería, ante todo, valentía para obrar. Toda esta concepción del amor-guerra se resume en la locución Militia amoris y la encontramos en obras como Ars Amatoria, de Ovidio:

Militiae especies amor est discedite, segnes:
Non sunt haec timidis signa tuenda viris.
Nox et hiems longaeque viae saevique dolores
Mollibus his castris longaeque viae saevique dolores. *

Ovidio, Ars Amatoria, II, 233-236

*El amor es una especie de milicia. ¡Apartaos los que seáis flojos! Estas enseñas no deben ser defendidas por gentes pusilánimes. Noches, borrascas, largos caminos, crueles dolores y toda clase de trabajos entran en este campamento del placer.

(Trad. de José M. García de la Mora)

Las huellas del Militia amoris están también en Historia de un matrimonio. Ya no solo porque en sí mismo se habla de amor, ni porque exista un proceso judicial que desemboca en una escaramuza en el barro, con unos abogados dispuestos a arrojar mierda y hundir los dedos en los ojos del adversario. Más allá de la guerra judicial, Historia de un matrimonio se atreve a decir que en el desamor se necesita todavía más valentía que en el amor. Incluso que en el desamor sale a la superficie un nuevo tipo de cariño. Sobrevive, con una nueva distancia de por medio, el afecto que hubo durante toda una unión sentimental y material -el santo matrimonio en su concepción más clásica, vamos-.  

Lo verdaderamente reseñable es que Historia de un matrimonio abandona el corsé narrativo del propio género de drama amoroso; contamos con un producto que no nos disecciona las idílicas sensaciones del antes, el enamoramiento profundo y visceral, ni tampoco las alegrías y tristezas del durante. De hecho, ni siquiera se preocupa por mostrarnos cómo han acabado los protagonistas, Charlie y Nicole (dos espectaculares Adam Driver y Scarlet Johansson) después de años separados. Rehúye de todos esos lapsos temporales arquetípicos y se obceca en representar lo factible tras la línea de lo soportable. Los actos alrededor del antes y del durante quedan solapados por la inminencia de la destrucción, por los cuernos de guerra de cada uno de los soldados, de Charlie y de Nicole.

Las primeras secuencias ya nos avisan.  De un plumazo, el espectador se empapa de todo el contexto; la historia del noviazgo, previo a la consolidación del matrimonio, se abre en canal en apenas unos minutos. Atrás quedan ya las escenas de sonrisas, pedida de mano y atardeceres en alguna playa de la costa de Nueva York. Unos minutos bastan para aprender, como espectadores, qué valoraban el uno del otro, cómo se veían al principio y cómo habían creado un mundo juntos. Aún más, cómo habían consolidado un lenguaje común, que solo entendían ellos dos primero, ellos tres después.  

Noah Baumbach utiliza la oposición como principal elemento para noquear al espectador. Después de acomodarnos en la idea de un matrimonio feliz, sobreviene esa sala de (pseudo)reconciliación, esa distancia entre dos sillones, ese contraste entre los tonos de ropa oscuros de Charlie y los claros de Nicole. A partir de aquí, del inicio atronador para el espectador, que está acostumbrado al drama absoluto o la felicidad completa dentro del género, Historia de un matrimonio permuta entre los momentos cariñosos y la crudeza de la batalla judicial. Toda una construcción narrativa casi hegeliana, con esa tesis (el cariño que aún queda) y antítesis (la barbarie de los juicios) entremezclándose hasta obtener la síntesis, que es ni más ni menos que una historia grisácea sobre el fin de un matrimonio y la escisión de una vida compartida.

Las oposiciones de la película no están solo en la historia que se narra, sino también en toda su configuración estética. (Netflix, 2019)

Ya estéticamente se nos advierte de que la simbiosis es imposible. La fotografía juega una y otra vez con los planos y los encuadres, con el espacio y la superposición, para hacer aún más palpable el desacuerdo. El vacío se convierte en un ser viviente dentro de la película, un monstruo que lo llena todo y muestra una distancia reducible, pero quizá insalvable. Y, ante todo, somos testigos de la liberación personal y laboral de Nicole, con una nueva paz que se refleja hasta en la luminosidad de su entorno y la rabia e impotencia de Charlie, con constantes puertas que se cierran, papeles que no alcanza y habitaciones repletas de sombras.

La película de Noah Baumbach nos conduce a reflexionar sobre el papel de padres y madres, con ese potente alegato de Laura Dern sobre los roles materno y paterno en el cuidado de un hijo: “Porque la base de este blablá judeocristiano es María, la madre de Jesús, y ella es perfecta. Es una virgen que da a luz, no titubea en apoyar a su hijo y sostiene su cadáver cuando él muere. Y el papá no está. Ni siquiera vino a recogerlo. Dios está en el cielo. Dios es el padre y Dios no apareció. Así que tú debes ser perfecta y Charlie puede ser una mierda, y no importa”. Y es, también, una muestra del papel que ha tomado la mujer en relación con el hombre, la subyugación de la felicidad de una ante la felicidad del otro. Después de todo, hablamos de una Nicole que siempre fantaseó con dirigir, pero que seguía a su marido porque le encantaba sentirse viva, según sus palabras, y que prefería primar los sueños de Charlie antes que los propios.

No obstante, la esencia radica en que tanto guion como fotografía nos acompañan por el camino de la separación sentimental y de la desposesión.  Nos ponen sin ningún tipo de pudor ante la herida provocada por el fin de una rutina compartida. Historia de un matrimonio es, al fin y al cabo, el proceso de independencia de dos reinos, la muerte del lenguaje único y la recomposición de los individuos durante el imperio del dolor. Y que, sobre todo, lo que queda levitando en el aire, lo que ejemplifica ese gesto de agacharse a atarle los cordones, es que desamar, generalmente, supone deconstruir con amor.

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Estudiante de Periodismo en la USC. Corrector de estilo y escritor novel. Del 99.

1 comentario en “La deconstrucción del amor en Marriage Story”

  1. Excelente artículo, vi la película y la encuentro muy interesante , excelente actuación y excelentes actores y sobre todo la forma diferente de tratar el tema , no es la típica historia de amor o desamor, realmente la protagonista consigue sus sueños tras el divorcio.

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