La covid-19 pone contra las cuerdas a las universidades españolas

Las aulas se han quedado vacías para dar lugar a la enseñanza online. (G.M.L, 2019)

Aproximadamente un millón de universitarios volvieron a sus hogares tras anunciar el cierre de las facultades. Los rectores, ante la declaración del estado de alarma por parte del Gobierno, decidieron cerrar las puertas de los centros académicos. El 16 de marzo todas las universidades españolas dieron el relevo a la enseñanza online. En los albores de la pandemia, la comunidad universitaria creyó que, tras quince días, volverían a ocupar las antiguas sillas, pasear por los pasillos y reunirse en las cafeterías llenas de estudiantes y profesores.

El tiempo y la evolución del virus demostraron que se equivocaban y cambiaron las abarrotadas aulas por sus solitarias habitaciones. En un tiempo récord, las universidades han tenido que adaptar su programa presencial a online. Por su parte, los profesores han tenido que actualizarse en materia tecnológica para poder seguir desarrollando sus clases.

La gestión de los nuevos modelos de enseñanza y evaluación han recibido multitud de críticas entre alumnado y profesorado. Sobre todo, en las redes sociales que han sido las testigos del descontento de miles de estudiantes. Hasta tal punto, que en Twitter, algunos hashtags sobre la mala administración universitaria se viralizaron.

Cada universidad estima un precio diferente para los créditos, que son la forma de medir el precio de una asignatura. Pero en general la matrícula de un curso suele rondar los 800 euros. En muchos hogares, la economía familiar se ha visto afectada debido al receso laboral. El pago de la enseñanza universitaria se ha vuelto un quebradero de cabeza para aquellos alumnos con bajos ingresos o que ya se están viendo afectados por la crisis sanitaria y económica. Algunas escuelas retrasaron los cobros durante los meses de abril y mayo. Pero a finales de estas fechas, cuando lentamente la ciudadanía está volviendo a la «nueva normalidad», el cobro de las tasas se presenta más problemático que nunca, para los grupos más vulnerables.

Un alumno de la Universidad de Sevilla (US), que prefiere quedarse en el anonimato, no sabe cómo va a afrontar el pago de la matrícula de este año. Considera injusto pagar el mismo precio que antes de la pandemia, ya que no se están utilizando las instalaciones y en muchos casos las clases o no se imparten o se ha reducido el tiempo. Por tanto, opina que debería haber una rebaja en el coste de este año. En Sevilla, la opción que se ha dado es anular las matrículas de ciertas asignaturas, con el consecuente reintegro para poder aliviar el peso económico. Pero para poder finalizar la carrera esas asignaturas se tendrán que volver a matricular en los siguientes cursos y no contará el trabajo que ya ha realizado el alumno en la materia durante este año.

En este sentido, el Gobierno ha informado que para el próximo año el presupuesto de becas aumentará un 22%. Una subida nunca vista en años anteriores. Además, rebajan de un 6,5 a un 5 la nota media para poder optar a la ayuda económica. Estas nuevas medidas son fruto de la incertidumbre económica a la que el virus ha arrastrado a las familias.

Los alumnos sienten que no están recibiendo la educación que han pagado. “Tenemos profesores que no dan clases online. En principio, solo en dos asignaturas estaban impartiendo clases, los otros profesores solo subían power points. Pero después de quejarnos empezaron a trabajar. De no ser por esto, no creo que se hubieran puesto a ello porque se excusaban diciendo que no sabían usar las plataformas. Aún así, hay algunos que todavía no nos dan clase”, comenta una estudiante de Arquitectura de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

María del Carmen Lozano estudia Educación Infantil en la Universidad de Murcia (UM). A pesar de que está conforme con cómo ha llevado su universidad la nueva forma de docencia, echa de menos mayor implicación en algunos profesores. “Algunos de los docentes no se han implicado al 100 % en facilitarnos el trabajo. Y los sistemas de evaluación podrían haberse flexibilizado mucho más, ya que al final creo que saldremos un poco perjudicados”, comenta.

Las evaluaciones continuas


Al principio, todo lo que rodeaba al nuevo método de evaluación era una incógnita. A los alumnos les preocupaba que estando tan cerca la fecha de los exámenes finales, todavía no se estableciera la forma en que se les iba a evaluar. El ministro de Universidades, Manuel Castells, aconsejó dar más importancia a las evaluaciones continuas. Es decir, evitar evaluar una asignatura únicamente por un examen, que al ser en línea existe una mayor probabilidad de sufrir problemas técnicos.

“Me resulta irresponsable la poca rapidez que hubo por parte del Consejo en la toma de decisiones, provocando que se perdiesen semanas de clase. Aunque alabo la iniciativa propia de algunos profesores. Pero sigue siendo vergonzoso que a día de hoy, 8 de mayo, aún no se sepa la forma de evaluar”, indica Beatriz Ruiz, estudiante de Periodismo en la Universidad de Sevilla. En su caso, comenta que hay profesores que aún esperan poder hacer un examen presencial, a pesar de las indicaciones sanitarias. Y que todavía no se les ha comunicado ninguna opción alternativa a esta. En este sentido, el Rectorado de la Universidad de Sevilla obligó al decanato de la facultad de Derecho a hacer los exámenes online, tras las quejas de los alumnos. El mismo decano, Alfonso Castro, había anunciado su intención de hacer el examen de su asignatura de esta forma.

En otros casos, la evaluación será con exámenes finales que tienen una ponderación mayor a los trabajos. Estas pruebas se realizan por Internet gracias a las plataformas virtuales. Aunque algunas medidas que se han tomado para evitar que los alumnos copien han indignado a los estudiantes. “En la mayor parte de las asignaturas el examen representa aún más del 50 % de la nota. Los profesores en lugar de facilitar el trabajo, se limitan a pedir grabar pruebas porque no se fían. De hecho, las pruebas se basan en preguntas tipo test muy complejas de entender, con respuesta múltiples que necesitan de un proceso por parte del alumno. Pero eso sí, en menos de 20 segundos por pregunta como si de Pasapalabra se tratara”, se queja Jorge García, alumno de Ciencias Ambientales en la Universidad de La Laguna (ULL).

En la Universidad de Córdoba (UCO), el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 3 ha admitido la demanda de un estudiante contra la videovigilancia en los exámenes a distancia. La razón de la demanda es la violación del “derecho a la intimidad del domicilio y que no tiene base legal”, como ha expuesto el alumno. Según ABC, la UCO ha respondido que su método de evaluación está respaldado por la Agencia Española de Protección de Datos y del Grupo de Asesorías Jurídicas de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas.

Carlos Cruz, delegado del Consejo de Alumnos de la Universidad de Sevilla (CADUS), considera que durante el período de exámenes es cuando más quejas existirán. Debido a que será aún más notable la brecha digital: “Se hará aún más visible cuando comience el periodo de exámenes y los estudiantes vean sus calificaciones perjudicadas por la estabilidad de la red o el número de ordenadores de la unidad familiar que deben compartir para poder acceder a los contenidos”.

Sala de Delegación de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. (Adriana Braojos, 2019)

A pesar de que nos considerábamos una sociedad digitalizada, uno de los efectos del coronavirus ha sido demostrar que la brecha digital existe. Hay multitud de hogares que no disponen de Wifi u ordenadores para poder cumplir con la enseñanza online. En este sentido, las universidades repartieron portátiles para aquellos alumnos en esta situación. Es el caso de Marco Rajković al que la pandemia sorprendió en casa de su padre en el campo, donde no disponía de los medios necesarios. Estudiaba con el móvil y con una conexión intermitente.

Cada situación familiar es distinta. Existen problemas que con el confinamiento se agravaron y otros que han ido surgiendo. Tener que cuidar de personas dependientes o infectadas por el virus, ha sido la nueva realidad de muchos estudiantes. Aura Gabriel, estudiante de Diseño en la ULL, reflexiona que el exceso de carga de trabajo puede estar afectando a muchos compañeros. “Los profesores no se dan cuenta de que hay estudiantes que tienen una situación complicada en su casa y tienen que cuidar a otras personas y no están al 100 % en los trabajos. Nos hemos quejado pero siguen igual”, comenta.

No solo tener una situación complicada en el hogar afecta al rendimiento académico del alumnado. El hecho de estar confinados sin poder salir de casa o el temor a contagiarse puede hacer mella en la salud psicológica de los estudiantes. La ansiedad y la desmotivación son sentimientos que se han generalizado entre la comunidad universitaria. María del Carmen Lozano argumenta que en su caso y el de sus compañeros han “tendido mucha carga de trabajo y si encima le sumas el confinamiento, psicológicamente afecta mucho y nos agotamos en exceso”.

Pedro Rodríguez trabaja como psicólogo del Servicio de Asistencia Psicológica de la Universidad de Sevilla. Atiende de forma telemática los problemas que la pandemia está causando en los estudiantes. Nos aclara que las principales razones por las cuales el alumnado decide pedir ayuda son las «situaciones de estrés que se manifiestan en cuadros de ansiedad. Estos cuadros son causa de diferentes preocupaciones: temor al contagio propio o de familiares, incertidumbre acerca del impacto socioeconómico en sus vidas, dificultades para la adaptación a un nuevo modelo de desempeño académico (clases y exámenes virtuales)».

Sin embargo, no todos los estudiantes gozan de atención psicológica gratuita por parte de la universidad. En Madrid, la comunidad más azotada por el virus, Angelika Krolikowska se lamenta por ello. Estudia Ingeniería Informática en la Universidad Politécnica de Madrid y ha tenido que recurrir a un psicólogo privado. «Tengo ansiedad generalizada y cierto grado de depresión, que por todo esto ha ido a peor. Sobre todo en mi forma de llevar los exámenes y los nervios», comenta.

Los estudiantes no son los únicos que se sienten poco escuchados. Los profesores ya han manifestado su desacuerdo con algunas decisiones de las administraciones académicas. Rafael Porlán es profesor y coordinador del departamento de Biología y Geología del Máster Universitario en Profesorado en Enseñanza Secundaria Obligatoria y Bachillerato (MAES). Decidió dimitir de su puesto como coordinador tras las imposiciones de la dirección para acatar las nuevas medidas de evaluación. Con la finalidad de que los alumnos pudieran realizar sus prácticas, a pesar de que los institutos están cerrados, decidieron sustituir la tutorización del profesorado por la realización de dos cursos.

«Nosotros, como tutores académicos, tenemos unas responsabilidades, con la evaluación y enseñanza de nuestros alumnos y eso no lo puede sustituir nadie. Lo que ha ocurrido es que la administración académica del MAES ha suplantado una parte importante de nuestras obligaciones», explica el profesor. No esperaba una respuesta tan contundente por parte de sus alumnos y compañeros, que se unieron a las quejas y le agradecieron su renuncia al considerarla un acto simbólico. Gracias a ello, se reconsideró la propuesta y se volvió a depositar tales competencias en los tutores. Además, Porlán se queja de la poca comunicación de la universidad con los profesores para «saber qué es lo que pasa y qué se puede mejorar».

Por otro lado, como pedagogo aclara que el problema no recae en si las clases se desarrollan online o presenciales sino en el modelo de enseñanza que utilice cada profesor. Además, al ejercer de coordinador del programa de Formación e Innovación Docente del Profesorado de la US, considera que «se están reproduciendo las clases magistrales pero a través de una videoconferencia. Otros se han dedicado a enviar los temarios y ya. Yo creo que la tendencia es la de reproducir el mismo modelo de clases magistrales en la enseñanza online. Y luego, hay un sector minoritario que sí están haciendo las cosas de otra manera».

Lo confirma Carlos Cruz desde el CADUS, que explica que la mayoría de quejas provienen de la «ausencia de docencia o mala adaptación de la misma». La negativa del Rectorado a escuchar y considerar las propuestas de los representantes de los estudiantes, fue decisiva para romper las relaciones con este. «No tenemos planteado normalizar la situación, al menos con este equipo de gobierno, ya que la actitud que han tenido la consideramos una falta de respeto, tanto para la representación estudiantil como para el estudiantado en general», comenta Carlos Cruz.

La brecha digital es ahora más visible que nunca. (Adriana Braojos, 2019)

El nuevo formato de enseñanza ha afectado sobre todo a los estudiantes de último curso que pretendían hacer sus prácticas en empresas y su Trabajo de Fin de Grado (Tfg). Estefanía Martín estudia Diseño de Moda en la Escuela de Arte Superior y Diseño Fernando Estévez. Alaba la actuación de su universidad porque considera que comprendieron los problemas para realizar los Tfg. «Para graduarme tenía que realizar un prototipo, cosido y con sesión de fotos. Entonces lo que ellos han hecho es cancelar eso, por lo cual es opcional. Yo no me quejo porque honestamente lo han intentado poner lo más fácil y más cómodo para nosotros», expone.

Sin embargo, como el resto de estudiantes, ha visto cómo sus prácticas han sido sustituidas por trabajos. «A mi realmente no me gustó que tuviera que hacer un trabajo y ya está para suplir las prácticas. Ellos nos dieron la opción de renunciar a ellas y hacerlas al año siguiente, sin que nos corriera la convocatoria. Sin embargo, yo me quiero graduar este año, con lo cual decidí hacerlas de esta forma pero obviamente no las estoy haciendo como es debido», incide.

Las universidades públicas españolas son instituciones azotadas por la crisis económica de 2008. Los famosos recortes de Wert mermaron las posibilidades educativas y el Plan Bolonia la puso en el punto de mira ante las quejas de este nuevo modelo. Además de otros males que crean desconformidad entre sus usuarios, como la masificación de las aulas o la necesidad de innovación. Y por supuesto reformular los grados y planes de estudio a los cambio sociológicos que estamos viviendo.

Estos problemas, que solo en contadas manifestaciones estudiantiles salían a la luz, se han vuelto visibles ante la necesidad de orientar las clases durante la pandemia. Lo único que queda por resolver es si se cambiarán las formas de impartir clase en las universidades o el statu quo reinará el próximo curso.

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Co directora de Revista Spotlum.

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