Kingdom y la gestión política del zombi

En Kingdom, los zombis se mezclan con la política, el drama histórico y un entorno feudal-coreano para construir una serie capaz de sorprender al espectador (Netflix, 2019).

Durante esta crisis de la covid-19, muchos nos hemos lanzado a buscar películas, series y libros que satisficieran nuestra necesidad de narrativas apocalípticas. De igual manera que La peste de Camus se convirtió en un éxito pandémico, también el género Z ha vivido una revitalización de su consumo, con unos espectadores abiertos a todo producto cultural ligado a la expansión de una enfermedad vírica. En este escenario de pausa y de pandemia que nos conduce poco a poco a la nueva normalidad, ha coincidido el estreno en Netflix de la segunda temporada de Kingdom, una serie imprescindible para los fans de los zombis.

Marzo daba el pistoletazo de salida a una producción que ha conseguido encontrar un filón de originalidad en un cine Z que se enfrenta, de manera estructural y reiterada, a crisis en la configuración de las tramas y de la ambientación. Pero Kingdom es, en este contexto cíclico de estancamiento creativo, una muestra de cómo el género Z se puede entrelazar con la acción, la política y la historia para crear un entorno novedoso y atractivo.

Y es que la serie dirigida por Kim Seong-hun apuesta por encuadrar la trama en una Corea feudal, ambientada bajo el mandato de la dinastía Joseon, que configura una estética distinta para el espectador occidental, alejada del militarismo más moderno al que estamos acostumbrados. La historia gira en torno al príncipe heredero Lee Chang, decidido a embarcarse en una misión para averiguar qué sucede con la plaga que asola una zona del reino, mientras su padre, el rey, está al borde de la muerte. Esta supuesta enfermedad enseguida se desvela como una epidemia zombi cuyo origen, en contraposición a la tendencia de las últimas obras cinematográficas del género Z, no está en acciones de corte experimental-científico, sino más bien en una concepción orgánica-naturalista. Ya no es un ensayo de laboratorio, un virus concreto o un experimento fuera de control. Ni siquiera encontramos aquellas reglas clásicas desarrolladas por George A. Romero, director canónico en este campo y considerado como el creador del arquetipo moderno del zombi en la cultura popular, que hacían hincapié en un origen paranormal, místico y primigenio de terror. La naturaleza, en el caso que nos ocupa, se convierte en el eje central para el comienzo del caos.

Los muertos vivientes se utilizan como una pieza de ajedrez más en el juego político de la corte coreana.


Las consecuencias de una epidemia zombi, producidas alrededor de una estética medievalista, crean una tensión añadida sobre cómo contener y vencer a los infectados en un panorama sin grandes innovaciones tecnológicas y militares de por medio. Y sumado a los matices históricos y el terror epidémico, Kingdom construye una trama verdaderamente interesante alrededor de las intrigas palaciegas que hace que muchos espectadores hayan asociado la serie coreana a Juego de tronos. Lo más atractivo es comprobar, en los compases de la primera temporada, y mucho más desarrollado en la segunda, cómo los muertos vivientes son piezas de ajedrez en una lucha por el poder de Corea, y cómo existe toda una gestión política de los infectados para tumbar al enemigo político y conseguir el trono.

En Kingdom, el zombi también abandona la crítica social asentada en las películas de Romero; aquel no-muerto mecánico y manipulable, sin ninguna convicción más que la satisfacción de una necesidad, se asociaba a una rutinización de la vida de los individuos dentro de un capitalismo voraz. Se mantiene, eso sí, el no muerto como el espejo del ser humano, como una especie de reflejo deformado de la humanidad, y que muestra un futuro inminente contrapuesto al superviviente, que representa el pasado. De igual manera, Kingdom es continuista con la idea más actual del zombi como un infectado ágil, con gran capacidad motora, y no simplemente un lento cadáver renacido.  

Realmente, nos encontramos ante un producto que logra un equilibro entre la acción, los muertos vivientes, el drama histórico y la política palaciega, con una reseñable mejora técnica en la segunda temporada y una evolución de los personajes consistente; estamos ante una serie que rompe clichés de un género Z saturado y con una estética llamativa desde un punto de vista esencialmente occidental. La combinación de géneros, la ambientación, la calidad audiovisual del producto y la buena actuación del elenco actoral convierten Kingdom en el buque insignia zombi de Netlifx. Hablamos, a grandes rasgos, de una serie que engancha, sorprende y divierte a los fans del género.

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Estudiante de Periodismo en la USC. Corrector de estilo y escritor novel. Del 99.

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