A tu padre lo salvó el amor

El coronavirus se ha convertido en el eje central que vertebra nuestras vidas desde hace unos meses. Las UCIs de los hospitales se han transformado en un pequeño microcosmos en el que médicas, enfermeras y pacientes se ven obligados a convivir en unas condiciones que antes de marzo serían, a priori, impensables. La falta de recursos, el enfrentamiento a lo desconocido, la deshumanización de la muerte… todo ello ha formado parte de ese pequeño universo. Fuera de él, los familiares de los pacientes se han visto abocados al ostracismo de quién no ha podido acompañar a sus allegados en un camino tortuoso, que, muchas veces, ha sido el último. La muerte, no entendida como un parte estadístico de las comparecencias ministeriales, si no como el inicio de la tortura cruel a unas familias que aún no entienden el tren que les ha arremetido con violencia.

57 días, el documental de Mario Lumbreras y Laura Brasero, nos entrega la mirada de una de esas familias. En un momento en el que el coronavirus se había infiltrado hasta las raíces mismas de nuestras ciudades, vivieron los horrores de la COVID-19. Una enfermedad que no solo ataca a la salud física de los contagiados, si no que también es demoledora con la salud mental de las personas más cercanas . El documental, que ya ha sido premiado en el Seminci de este año y que ha entrado en la prelista de candidatos a los Goya, es un canto de agradecimiento a los sanitarios y familiares que reman contra el desconocimiento del destino final. 57 días es, sobre todo, un canto a la vida.

Mario Lumbreras habla con su padre tras su paso por la UCI. Fuente: Hernán Zin

¿Por qué decidieron grabar un documental de este estilo?

MARIO LUMBRERAS: Decidimos hacer un corto documental lo más realista posible, exponiendo los archivos que nos intercambiamos entre toda la familia durante el proceso de la enfermedad de mi padre, uno de los primeros pacientes que se contagió de coronavirus en España. Lo gracioso es que en ningún momento pensábamos que ninguno de los mensajes ni grabaciones iba a formar parte de ningún proyecto audiovisual. La idea nació a raíz de conocer a Hernán Zin, el productor de 57 días. Él también estaba en pleno rodaje de un documental suyo sobre los dos primeros meses de la pandemia. Su documental hace un recorrido por diversos puntos de vista, desde funerarias o residencias hasta UCIs de hospitales… Durante su grabación, conoció la historia de mi padre, por lo que quiso saber más sobre su caso y sobre nosotros. 

LAURA BRASERO: Todo se precipitó cuando vio el material que teníamos. Cuando se declaró el confinamiento ya no podíamos ir todos a visitarlo. Decidimos grabar los partes médicos y así, según salíamos del hospital, los enviábamos al chat de la familia para que todos se enterasen de primera mano de qué nos había contado el médico. Cuando conocimos a Hernán, él hizo que nos diésemos cuenta de todo el material que teníamos, y decidimos: “ya que él está haciendo este proyecto, es una buena manera de que vea como nosotros hemos vivido la enfermedad de Julio”.

ML: Exacto. A través de nuestros ojos y de nuestros mensajes. No solo partes médicos, también fotos del estado de mi padre. Decidimos montarle un pequeño resumen con todo este material, coordinando las imágenes y los audios en función de los días, mostrando la evolución. El resumen le gustó, le gustó mucho, por “su emoción y su realismo”, y nos propuso que dirigiésemos un cortometraje, haciendo crecer un poco ese resumen con la ayuda de su productora.

Mario Lumbreras y Laura Brasero, creadores del cortometraje documental 57 días. Fuente: Mario Lumbreras

¿Cómo fue el proceso de la enfermedad de su padre?

ML: Él fue inducido al coma sin saber nada de lo que tenía. Entró con una neumonía bilateral, y no sabían por qué, a qué se debía. Por aquel entonces, el coronavirus sólo existía en los medios, una enfermedad en China. Era impensable que él lo tuviera, no había viajado, y en España solo había dos casos, en Baleares y en Canarias. No se sabía de nadie más. Entró de noche, y a la mañana siguiente le intubaron, ya que estaba empeorando a una velocidad alarmante. 

LB: Tenía una fibrosis pulmonar muy avanzada. La COVID hace que las radiografías sean inservibles para los médicos, porque no pueden ver los pulmones, y tienen que intuir un poco la situación de cada paciente. Los pulmones son esponjas y el coronavirus los vuelve rígidos. Si esa rigidez llegaba a un punto de no retorno, no sería capaz de hinchar los pulmones por sí mismo. Teniendo en cuenta el tiempo que llevaba ingresado y las secuelas que había en otros pacientes, los médicos intuían que la fibrosis iba a ser ya… 

ML: Que iba a ser irreversible.  Durante un tiempo ya no tenían ninguna esperanza porque veían que él no respondía. Cada intento de bajarle sedación era en vano, y nos pusieron en lo peor porque no daba señales de que pudiera mejorar. Hay que entender que esos pronósticos estaban basados en los hechos que iban ocurriendo cada día. En algunos casos, de un día para otro la situación de los pacientes se volvía terminal, como el caso de mi padre, que pasó de estar estable a parecer que se iba. También puede pasar lo contrario, pueden reaccionar a los tratamientos y mejorar. A ese hilo de esperanza es al que se agarran las familias para poder tirar adelante. En nuestro caso nosotros fuimos muy afortunados. A nuestro alrededor, tras tantos días en la UCI, estábamos rodeados de familias que no tuvieron tanta suerte. Hemos vivido en nuestras carnes cómo se han tenido que despedir de sus familiares. En ese aspecto estamos muy agradecidos al hospital de Torrejón, porque a nosotros nos dejaban ir por lo menos uno a visitarlo durante cada turno de visitas. En otros muchos hospitales no han podido estar cerca ni despedirse de los que se han ido. 

Cuando Hernán Zin supo de la historia de su padre, ¿por qué decidió ponerse en contacto con ustedes?

LB: Él se puso en contacto con nosotros porque estaban grabando en el hospital de Torrejón y justo en los días en los que Julio salía de la UCI y subía a planta. Con un caso tan mediático dentro del hospital, porque, como Mario ha dicho antes, fue uno de los primeros positivos en España, Hernán se interesó cuando supo la cantidad de días que había pasado en la UCI. Al mismo tiempo, la historia comenzó a salir en los medios. Todo ocurrió en paralelo, aunque no hubo ningún tipo de relación.

ML: A medida que Hernán iba conociendo la situación de la UCI, le pusieron en contacto con uno de los médicos que estuvo con todo el caso de mi padre. Como Hernán habló con él para su documental, Gabriel (el médico) le contó sobre el caso de mi padre, y fue ahí cuando Hernán decidió hablarnos para saber más.

Y ahora, varios meses después del alta de su padre, ¿cómo se encuentra él? 

ML: Afortunadamente ahora está bastante bien, ha progresado muchísimo. Está en casa, con mi madre, y tiene ciertas secuelas, claro. Lleva desde principios de mayo con mucha rehabilitación. Ha estado en circuítos de muchas pruebas mensuales para ver su estado y su evolución. El desgaste que sufrió, la perdida de peso y de masa muscular. Ha tenido que volver a aprender a comer.

LB: Claro, tiene desgaste de la COVID y desgaste de la UCI, porque eso tiene sus propias secuelas también. Toda esa pérdida de masa muscular, los terrores nocturnos y demás, son creados por ese coma inducido. Entonces, además de las secuelas a nivel pulmonar y de que él ya estaba tocado de antes, la UCI le ha dejado sus propias secuelas

El paso de la sedación a volver a la realidad ha debido de ser duro para toda la familia…

ML: Mi padre se despertó en un mundo totalmente diferente, desconocido para él, y eso fue un shock enorme. No sabíamos cómo contárselo, cómo iba a reaccionar. Cuando despertó, nos veía solo a uno de nosotros y nos preguntaba porque solo estábamos uno allí. No sabía ni dónde estaba ni que le había pasado. Aquellos primeros días sufría delirios por toda la medicación. Cuando pasó a planta, ya tenía televisión, oía a la gente contar lo que estaba pasando cada día. Los psicólogos nos dijeron que poco a poco teníamos que contarle la verdad porque era inevitable. Nos dejaron incluso estar con él más de uno durante una de las visitas para poder ayudarle y arroparle. Se perdió esos dos meses de su vida, y este corto ha servido para que él rellenase esos huecos y que viese lo que habíamos vivido nosotros. Eso le vino muy bien. Él quería saber qué había pasado en todo momento. Hay una anécdota que él recuerda perfectamente. Cuando empezaron a ajustar la sedación para ver si reaccionaba, nos recomendaron grabar mensajes para enviárselos a los médicos y que se los pusieran con el móvil. A nosotros se nos ocurrió comprar un pequeño altavoz que se pudiese lavar, de estos que se ponen en la ducha y que se pueden mojar. Grabamos muchísimos audios para ponerlos todo el día en bucle.

LB: Se nos ocurrió que, como estaba en una habitación en la que solo se oían máquinas y médicos, era buena idea pedirle a toda la familia que nos mandasen audios, con los que montarle una pista. Dos horas y pico con la música que a él le gusta, audios nuestros, de los nietos sobre todo, hablándole, diciéndole que respirase tranquilo. Contándole que estábamos todos bien. Él aún ahora nos cuenta, que en algunos momentos críticos nos oía. Cuando ha vuelto a escuchar algunos de esos audios se lo sabe de memoria.

ML: Recuerdo el día que le dieron el alta. Nos llamaron para ir a recogerle. Imagínate la alegría de toda la familia. En la entrada del hospital vi salir a una de las enfermeras, Berta, que había estado al lado de mi padre en lo peor. Me preguntó qué hacía allí, y le dije que ya le habían dado el alta. Entonces recuerdo que me dijo una frase que me hizo llorar allí mismo. Me dijo “a tu padre lo ha salvado el amor. Desde que le pusisteis los audios mejoró muchísimo”. Fue un detalle por su parte, porque evidentemente le salvaron ellos, fueron los que hicieron el milagro. Pero nos hizo mucha ilusión porque parecía que efectivamente de alguna manera aportamos un granito de arena para que él luchase interiormente. La idea era que esos audios lo acercasen un poco a la realidad.

Julio Lumbreras, rodeado de los médicos que lo atendieron y de sus familiares, tras despertar de la sedación. Fuente: ATLAS

Durante la producción del documental, ¿qué sentimientos os despertó el revivir todo el proceso de tu padre?

ML: Durante el proceso de mi padre, por ejemplo, sólo pensaba que ojalá me hubiese pillado a mi. Yo soy más joven que él, tengo menos afecciones de las que podría tener él. Sé que a los jóvenes también les afecta y les puede llegar a causar la muerte, pero a día de hoy aún lo pienso. Toda la familia se unió para superarlo. No solo la sedación de mi padre. El sufrimiento de mi madre. La pobre iba al hospital y luego volvía a casa sola. Somos cinco hermanos, y ni siquiera podíamos arroparla. Revivirlo fue muy duro, tanto al seleccionar, como al editar y al montar.

LB: Esto también nos ha servido a nosotros de terapia, para darnos cuenta de todo lo que hemos vivido y hemos superado.

ML: Para darnos cuenta de lo afortunados que hemos sido. Es verdad que ha sido muy duro montarlo, ha sido horrible. Nos hemos venido abajo en muchos momentos e incluso he pensado: “no sé si puedo seguir montándolo”. Pero el ánimo de ver luchando a mi padre porque lo hiciéramos, porque se lo contásemos a la gente, fue lo que nos animó a seguir haciendo este cortometraje.

Tras dar a conocer vuestro trabajo en diferentes festivales, ¿ha sido difícil enfrentarse a la exposición mediática? 

LB: Antes de grabar nada, hablamos con Julio y su mujer Yolanda. Era su historia, algo muy íntimo. Es la historia de todos, claro, pero ellos son los protagonistas. Tenían que estar de acuerdo con todo antes de hacer nada. Cuando hablamos con Julio, vió en esto una herramienta para mostrar al mundo lo que está pasando a través de su historia. A él le frustra mucho ver en la tele cómo se habla de conspiraciones, como hay gente que no se lo toma en serio. Él lo ha sufrido y ha visto como nosotros hemos sufrido. Ya que no tenía medios para hacerse oír y contar su historia, esto ha servido para que la gente le escuche. Además, también le ha servido como terapia emocional para sentirse útil.

ML: La esencia del documental es, en primer lugar, agradecer a todo el personal sanitario, de limpieza y a todos los que están trabajando contra el coronavirus, y en segundo lugar, poder concienciar a través de la historia de mi padre. La gente a la que no le toca de cerca es difícil que se ponga en el lugar de las familias cuando en los telediarios solo ven números. Este corto intenta ir más allá, que la gente vea a través de los ojos de una familia normal y corriente. Para mis padres, 57 días ha sido una herramienta para agradecer y concienciar.

LB: Lo que empezó como un vídeo de estar por casa, un vídeo que proyectamos a Hernán en el salón para contarle nuestra historia, ha llegado a muchísima gente, ha llegado a festivales. Aunque solo sea en pequeñas dosis, conseguir que ese mensaje cale y que la gente le dé una vuelta a que no son solo casos. Son personas con nombres y apellidos, una familia y mucha gente alrededor. En el caso de Julio ha salido medianamente bien, pero en muchos otros casos el final no ha sido tan bueno.

El documental arroja un punto de vista distinto al que suele salir en los medios. ¿Qué aporta 57 días a aquellos que quieran verlo?

LB: La idea es que la gente entienda lo que hay detrás, todo el trabajo detrás y el esfuerzo. En los audios se oye como los médicos tienen que darnos los partes sanitarios en el mismo pasillo. No sé si va a llegar o no, pero nuestra idea es que si que llegue. La gente que lo ha ido viendo hasta ahora y con la que hemos podido hablar nos ha dicho que les ha llegado. Incluso gente concienciada, que toma sus precauciones, nos decía “es que lo estoy haciendo no solo porque digan que tengo que hacerlo. Mira lo que está pasando”. Queríamos hacer ver que no es “si lo pillo pues lo he pillado”. Que la gente vea cómo reacciona y cómo sufre la familia. Él que se contagia y entra en coma no se entera. Quién lo sufre es la mujer, el marido, el padre o el hijo. Esa persona va a morir o no, pero no se va a enterar, si tiene suerte y le ponen un respirador. Ahora, ¿los que se quedan aquí? los que se quedan aquí lo van a sufrir y mucho. Nosotros tuvimos la suerte de estar cerca, de verlo en el cristal, de tener esos audios, y aún así fue horrible. La gente que se ponía en contacto con nosotros después de que la historia de Julio se hiciese mediática nos ha contado historias dramáticas.

ML: Nos llamaban muchas familias que no tenían la suerte de hablar con los médicos tanto como nosotros, y compartían con nosotros dudas de todo tipo. Buscaban consuelo, o información. Esos nexos en común que pudiese tener un paciente con mi padre para poder agarrarse a una mínima esperanza. Seguimos manteniendo contacto con varias familias que, desafortunadamente, perdieron a sus allegados, y otras que tuvieron la misma suerte que nosotros. En ambos casos nos agradecían mucho todo lo que han podido hablar con nosotros. Sentir esa unión, esa conexión, ha sido fundamental para seguir adelante con el documental.

Estudante de Xornalismo en Santiago de Compostela.
Escribo entrevistas e reportaxes para Spotlum.
Agradecido aos meus pais por todo o que me ensinaron e seguen a ensinar.
barrosblanco.xor@gmail.com

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